domingo, 23 de febrero de 2014

El Hombre en la Celda



Hace aproximadamente unos sesenta años, Ometepec era un pueblito muy pequeño, este està situado en las costas del Estado de Guerrero.

Cuenta la gente mayor un sinfín de historias y leyendas que dieron origen a diversos personajes interesantes y a situaciones muy misteriosas en ese lugar.

Les contare una historia que muy en especial recuerdo. En aquella que me contaron sobre el hombre en la celda

********El hombre en la celda*******

Flavio Fuentes nació bajo el más miserable techo de todo el pueblo, en condiciones tan pésimas, que cualquiera lloraría de tristeza.

En su alumbramiento murió su madre. Su padre huyo meses antes de que él naciera, cuando Anastasia le dio la entonces grave noticia de que esperaba un hijo suyo. Él, furioso le grito con todas sus fuerzas que ese hijo no era suyo. Librándose así de todo compromiso salió huyendo y nunca más se le vio por el pueblo.

Con el cuerpo de Anastasia en el catre y el niño sobre sus manos, Tencha, la partera, no hizo más que gritar y pedir ayuda a los vecinos, que en iguales condiciones miserables, al enterarse del hecho, salieron con los pies en pólvora. Nadie quería más problemas dejaron dicho los vecinos. Los problemas abundaban y las soluciones no bajaban del cielo, ni se despegaban del rosario nocturno.

La partera tuvo que quedarse a cargo de Flavio desde su nacimiento. Las autoridades enterraron el cuerpo de Anastasia en los límites del pequeño pueblo, a los pies de una barranca.

Flavio hasta su corta edad creció bajo las condiciones de un niño normal en ese pueblo. Tencha su madre adoptiva le regalo su apellido antes de que falleciera y como él, aún era muy pequeño, no tuvo más remedio que ver su vida, a sus miserables cinco añitos, volteada del otro lado más feo de la moneda.

Nadie se apiado de Flavio, y Flavio poco a poco se iba transformando de un niño a un molesto animal callejero. Un animal que ante las necesidades tenía que alimentarse de lo que fuera.

Flavio fuentes fue olvidando de la faz de la tierra, y como lo que se olvida es porque no existe, o no ha existido, entonces no había ningún problema, preferían confundirlo entre los perros callejeros llenos de sarna o con otro animal de difícil apreciación.

La gente más bondadosa le tiraba un bolillo, (si es que había) otros, los pedazos de tortillas embarradas de cualquier porquería al alcance.

Así creció Flavio Fuentes. Entre los animales aprendió a ser agresivo y a pelear por el bocado. Aprendió también a huir de la gente y a tenerle miedo. Muchos lo maltrataban, se mofaban de él, los niños lo apaleaban con garrotes hasta que desaparecía entre los matorrales del espeso monte.

Esa era la vida de Flavio Fuentes.

Hasta que él destino volvió a duplicarle sus males.

En las afueras del pueblo, un niño fue brutalmente desgarrado por lo que parecía ser un animal salvaje.

Lo peor, fue cuando alguien de la multitud presente, afirmo haber visto a F l a v i o F u e n t e s por los alrededores.

Dicha afirmación confirmo que ante la multitud que… ¡Flavio fuentes había matado al pequeño niño en uno de sus arrebatos bestiales!

Todos queriendo linchar a Flavio Fuentes se encaminaron en su búsqueda. Unos llenos de rabia y coraje se armaron con lo que pudieron encontrar y apresuraron su búsqueda.

El comisario del pueblo entendiendo lo sucedido y más sensato que cualquiera, fue en busca de Flavio, a quien después de encontrarlo, lo encerró en una oscura y escondida celda, sin ventanas y con una pequeña reja que dejaba mirar hacia un angosto pasillo de tenue luz colada.

Nadie encontró a Flavio Fuentes.

La gente dio por sentado que por su fechoría se lo había tragado la tierra. Con el paso de los años el comisario nunca dijo quien murió en el lugar, cuando encontraron la osamenta de Flavio.

Quien lo llego a contar fue la niña que hacia el aseo, cuando ya era viejecita detallo lo que en el lugar había sucedido.












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